T

iene todo el derecho a ejercer su guadalupanismo; a lo que no tiene derecho es a imponérselo a los demás. La cuestión se complica cuando el alcalde panista de Córdoba, Veracruz, obliga a los empleados y empleadas del municipio a engrosar las filas de una peregrinación religiosa para mostrar devoción a la Virgen de Guadalupe.

El alcalde Tomás Ríos Bernal, mediante una circular firmada por Octavio Martínez, director de recursos humanos del municipio, emplazó a directores, subdirectores y trabajadores para que obligatoriamente asistan de principio a fin a la peregrinación guadalupana del 9 de diciembre. La revista Proceso (http://www.proceso.com.mx/?p=389798 ) publicó que, mediante el “oficio DRH/29/2014, la administración municipal advierte que quien desobedezca los lineamientos para la peregrinación se atendrá a los ‘efectos administrativos procedentes’”. Como el alcalde es muy obstinado en que se cumplan sus directrices, mandó la advertencia de que habría personal de recursos humanos tomando nota de quiénes asistían y si permanecían en la totalidad del recorrido de la peregrinación.

El ordenamiento de Ríos Bernal es violatorio de disposiciones constitucionales y la diversidad sociorreligiosa de la nación mexicana. Es necesario recordarle que fue precisamente en Veracruz, uno de cuyos municipios él gobierna, donde el presidente Benito Juárez mandó promulgar el 4 de diciembre la Ley de Libertad de Cultos. El espíritu de esta ley quedó reflejado en la Constitución de 1917 y perfiló la laicidad del Estado mexicano.

La libertaria ley del 4 de diciembre de 1860 asentó en su artículo primero lo siguiente: Las leyes protegen el ejercicio del culto católico y de los demás que se establezcan en el país, como la expresión y efecto de la libertad religiosa, que siendo un derecho natural del hombre, no tiene ni puede tener más límites que el derecho de tercero y las exigencias del orden público. En todo lo demás la independencia entre el Estado, por una parte, y las creencias y prácticas religiosas, por otra, es y será perfecta e inviolable . En el artículo segundo delineó que una iglesia o sociedad religiosa se forma de los hombres que voluntariamente hayan querido ser miembros de ella .

El alcalde panista de Córdoba viola flagrantemente el carácter laico que deben tener las instituciones gubernamentales. Al obligar a todos los empleados municipales a participar en una ceremonia religiosa hace añicos el principio de la voluntariedad de las personas en formar parte de una determinada asociación religiosa y sus correspondientes expresiones de fe.